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  • Gabriel Iriarte Rico - La Máquina de leer
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12 décembre 2010 7 12 /12 /décembre /2010 17:58

Cuando la banda Los Inmortales hacen sonar sus trompetas al ritmo que Strauss hizo famoso, ellos hacen música en una obsesión por buscar y provocar en los otros una sensación que tan efímera y adictiva que solemos llamar belleza. En efecto no sabemos qué es exactamente. Como todos los músicos y otros que hacen arte sólo buscan aproximarse a esa belleza. Hoy en día estoy convencido que es imposible alcanzarla, todo lo que hacemos es acercarnos a ella, por eso tenemos la sensación efímera, incompleta. Suele pasar con el arte, a veces cuando simplemente vemos una hermosa mujer que nos atrae de manera irreflexiva y avasalladora. En esos casos la mujer es una representación de la belleza, y puede convertirse en algo menos efímero. Al final también es solamente una representación de lo hermoso, maravilloso, por llamarlo de alguna manera. Siempre desaparece, porque sólo nos acercamos. Como se acercan los Inmortales en el matrimonio en Mizque, como se acerca Jeanne Cherhal, como se acerca Coldplay a veces y también muchas Les Luthiers, y los libros de Marías y los de Pessoa y Dino Buzzatti en varios cuentos de La K, y lo hace Ricardo Reis cuando a su cuarto ingresa Fernando Pessoa luego de muerto en el libro de Saramago. Y el Gaviero Maqroll según Mutis. Tanta delicia, tanta maravilla, tanto intento por aproximarse. Todos destinados al fracaso porque no perdurarán. Pero qué maravilla acercarse a lo hermoso, acercarse a la felicidad eterna que no existe, acercarse, olerla, sólo olerla o escuchar un rumor en esa banda, en esa música en esas palabras que leemos, vale la pena el amor porque huele fuerte a belleza, porque crea una ilusión que genera miles de esperanzas. Una ilusión que perdura un instante más con una fuerza avasalladora, pese a las distancias, pese a los olores lejanos y ya sólo recordados, y el piano en Casablanca As time goes by. Escuchar esa canción con la luz apagada mientras la amada duerme cerca, tan cerca que sientes su olor dulce y escuchas la canción,con o sin equipo de sonido, en esa ciudad enorme y desconocida, pequeña y conocida luego, en ese país que eres extranjero pero no lo sientes, habitante del mundo, buscador de belleza, entra, acércate, siempre.

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Published by Gabriel Iriarte Rico
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