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  • Gabriel Iriarte Rico - La Máquina de leer
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27 mars 2012 2 27 /03 /mars /2012 17:33

Leer e interpretar es algo que hacemos con un automatismo pasmante. Se piensa que mientras uno más lee, seleccionará con mayor nicea.jpgcalidad sus textos. Sabrá diferenciar lo fácil de lo complejo, lo refinado de lo banal, la calidad de lo vulgar. Se piensa que los lectores con menos práctica se cuentan entre los más peligrosos. Y pienso que es cierto, pero no son los únicos. Es cierto que los lectores sin mucho hábito son fáciles de engañar. Entre éstos podemos citar a legiones que tienen como autores de cabecera (si es que los tienen) a los que mayoría leen. En nuestra lengua sobran ejemplos (que no vienen a cuento). Son también los más fáciles de creer en religiones y de tomar textos escritos por hombres como textos sagrados y de seguirlos y aferrarse a ellos como quien se aferra a su vida, sin la más mínima reflexión, conviertiendosé no en lectores en todo el sentido de la palabra. Sino en lo Michel Foucault ovejas perfectas del Poder Pastoral.

 

Sin embargo no son ellos los lectores más peligrosos, sino los que cambian la hitoria a su antojo e interpretan, conscientes de lo que hacen, sólo con fines de poder o personales. Una vez más el Cristianismo es el que más flores se lleva en éste asunto. Porque no sólamente fue una religión impuesta con violencia por las leyes que dictó Constantino. Sino que Constantino se dio el trabajo de leer e interpretar incluso a los autores que no eran cristianos para encontrar y validar la religión que deseaba imponer. Así reinterpretó al poeta Virigilio, haciendo que este hable del nacimiento y muerte de Jesucristo. Censurando en su discurso, claro está, que Virgilio hablaba de otros dioses. Es más le dio sentido profético cristiano, y más tarde Dante mismo lo citaría como guía entre el infierno y el purgatorio. Además usó a figuras paganas inmortales y poderosas como las sibilas para validar y callar a los que se oponían a su lectura. La Sibila Eritrea fue durante muchos años otra apostol, simplemente porque Constantino dijo que tenía una poesía en la que anunciaba a Cristo. Para fuente usó, según el mismo dijo, a Cicerón que supuestamente hablaba de dicho poema. El Poema según cuenta Alberto Manguel, en una Historia de la lectura no existe hasta donde sabemos. Cicerón sólo fue usado como figura de validación de un discurso, fuente primaria. Ciserón nunca habló de aquello. Es más Constantino declaró en su famoso concilio de Nicea el año 325 que sólo había una forma de interpretar los textos (sagrados o no) ; esa forma era la forma que el gobierno decidiera. Así y con violencia nada oculta, San Constantino no dudó en matar a su propio hijo o su cuñado Licinio (que era emperador en la parte oriental del imperio romano y no compartía necesariamente la religión de Constantino).  Tampoco dudó en aplastar a otras religiones, como los maniqueos, que también tenían, como los cristianos, misioneros y textos sagrados. 

La biblioteca de Alejandría, la más grande del mundo en ese momento, sufrió, en gran parte su destrucción, gracias a la interpretación de las escrituras impuesta por Constantino. Perdimos mucho saber aquella vez. A Hipatía, la filósofa, también la desmembraron los que repetían la interpretación de quienes le dijeron que era una enemiga del cristianismo, por ser científica.

Como dice Manguel " Lo que constantino descubrió en aquel lejano Viernes Santo, y ya para siempre, es que el significado de un texto se amplía de acuerdo con la capacidad y deseos del lector. Enfrentado con un texto, el lector puede transformar las palabras en un mensaje que aclara para él una cuestión sin relación histórica ni con el texto ni con su autor. Esa trasmigración del significado puede enriquecer o empobrecer el texto mismo; invevitablemente lo contamina de las circunstancias del lector. A través de la ignorancia, la fé, la inteligencia, a través de trucos o de astucia, a través de la inspiración, el lector vuelve a escribir el texto con las mismas palabras del original, pero con otro encabezamiento, recreándolo, por sí decirlo, en el acto mismo de darle existencia." (MANGUEL, Una historia de la lectura)

En la actualidad los lectores peligrosos siguen abundando, pregonan en iglesias en nuestra ciudad y en cicudades del mundo, de todo tipo de religiones. Pero también están los que interpretan las leyes, la justicia, la moralidad, las leyes del mercado. Imponen impuestos, ordenan muertes de "terroristas" cibernéticos o ficticios, hablan de libertad de expresión y definen una verdad, definen, una ética, definen una forma de hacer las cosas bien. Hablan de la ley para todos, y sólo los más pobres están en las cárceles.

Hablan de una democracia y la definen y rigen con su interpretación de la misma. Y la gente que no quiere hacer su propia lectura, que no quiere leer más les sigue, les cree. Surge esa espantosa clase social, como la llamaba Alvaro Mutis, de jóvenes que creen que la estabilidad económica, el empleo, el trabajo con horario, el consumir cultura popular (películas de acción o terror adolescente, libros de autoayuda), es tener éxtio, cuando si leyeran un poco más, un poco más complejamente, se darían cuenta que declaran su muerte cuando eso aceptan. En EEUU se les llama Yuppie  young urban professional" “Joven Profesional Urbano. Muerte de mi generación yo los llamo. Ellos junto a los que repiten religiones y textos sagrados como salvación de sus almas, me parecen la representación perfecta del lector peligroso.

 

(En la Imagen, Constantino en el Concilio de Nicea)

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Published by Gabriel Iriarte Rico
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