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  • Gabriel Iriarte Rico - La Máquina de leer
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15 août 2010 7 15 /08 /août /2010 00:08

La lectura fue y ha sido el arma para estructurar el pensamiento humano. Durante siglos y medio nos hemos acostumbrado a hacerlo en libros. Ahora se han vuelto obsoletos y románticos, y la educación oficial tarda en aceptar el nuevo contexto.

Por Gabriel Iriarte Rico

 

1. Erase una vez, el caos y el autor colectivo

Durante cinco siglos y medio nos hemos acostumbrado a un mundo en el que existen escritores, científicos, hombres iluminados que nos han contado cómo es el mundo y cómo debemos entenderlo. Ellos lo han hecho sobre todo a través de libros y artículos que han firmado al principio o al final de sus trabajos. Pero no siempre funcionó así. Karim Littau en su extenso trabajo Teorías de la lectura, afirma que fue primero la imprenta y luego los editores los que crearon la figura del autor. Por eso, a veces, nos es difícil comprender que Ulises o la Iliada no hayan sido necesariamente escritos por un tipo que se llamaba Homero, sino un esfuerzo específico para recopilar las historias que se transmitían mediante la oralidad y ponerlas por escrito. Lo más probable es que Homero sea sólo un pseudónimo común a la gente que hizo ese esfuerzo. Pero para la mente actual, acostumbrada al autor, le es difícil comprender eso, necesita ver a Homero como un hombre que escribía (lo más probable es que el narrador Homero del que se habla en los estudios era ciego). Además los griegos habían heredado la escritura de los fenicios en el siglo VIII A.C. (Líbano actual), y se la registraba en tablillas de arcilla, madera o cera y posteriormente en papiro o pergamino. Como aclara Littau “no era algo que se pudiera transmitir con facilidad como el códice manuscrito o el libro impreso” (LITTAU 37:2008). En realidad en la época de lo que se trataba era de hacer pasar el conocimiento de generación en generación, y la mejor forma de hacerlo era la oralidad que muy comúnmente era narrado en forma de historia o tragedia. Y la gente participaba, debatía y la historia podía modificarse una y otra vez. Los textos que se escribían eran breves, y sobre todo para ser aprendidos de memoria y ayudar a la misma cuando haya confusión. Las letras eran escritas sin puntuación ni separación. Littau dice que la experiencia seguramente se parecía a leer lo siguiente: “ERAMUCHOMASFACILPARAELLECTORLEERENVOZALTAELTEXTOPARAADVERTIRENQUELUGARPODIANESTARLASPAUSAS” (37:2008). Fue recién en el siglo VII que se introdujo el espaciado entre palabras, y recién a partir del siglo XI que se comenzó a leer silenciosamente. Hasta antes la lectura siempre se la hizo en voz alta y se la ejercía con el objetivo de aprender los textos de memoria. De hecho la lectura silenciosa es una revolución para el aprendizaje, la velocidad, la atención y la manera de enfrentarse a un texto cambian definitivamente. También es a partir de entonces que la lectura pasa de ser un acto que tendía a ser compartido a uno solitario e individual. Los textos en los monasterios eran escritos y copiados una y otra vez por varios autores, a veces con pequeños cambios. La palabra de Dios, en la Biblia, sin ir más lejos, fue modificada y adaptada a los intereses de la iglesia una y otra vez según el autor que copiaba, juntaba, interpretaba o traducía los antiguos textos; la inspiración divina dependía más en realidad de un conjunto de manos del clero que de Juan, Mateo, Lucas o cualquiera de los apóstoles. Y sin embargo, es tan poderoso el texto escrito, que aún hoy podemos escuchar en los templos: “es palabra de Dios” como respuesta a esos textos humanos.

 

2. El orden del libro y el autor

Fue tan feroz la batalla de lo común que los autores y poetas que nacían, tuvieron que enfrentarse como nadie en los siglos venideros a la usurpación de su autoría. Cervantes se vio obligado a sacar la segunda parte del Quijote, y hacer que este muera al final de su novela, ante la cantidad de otros autores que escribían en su nombre y relataban otras aventuras apócrifas de ingenioso hidalgo Alonso Quijano . Fue un proceso interesante y maravilloso que nos regaló sobre todo la invención del pensamiento estructurado, en el cuál una persona era responsable completamente de su texto y precisamente era su texto y de nadie más, aunque para llegar al mismo se basaba en una lengua, en tradiciones, estilos, conocimientos que para nada habían sido inventados por ese autor. Seguía y siguió siendo un organizador del conocimiento que le ponía la rúbrica de su firma y se apropiaba del mismo. Así Galileo o Copérnico parecen ser quienes descubrieron que la tierra daba vueltas alrededor del sol, cuando sabemos que solamente eran sobresalientes científicos que se atrevieron a decir por escrito y con su nombre lo que era comidilla de la comunidad científica de avanzada en el mundo. Pero el autorizar una obra también nos regaló la posibilidad de echarle la culpa al autor de sus errores cuando se equivocaba y contaba mal la historia o el resultado científico, y venía otro y escribía lo contrario; el debate científico y literario también se enriqueció en gran cantidad. Los libros como tecnología nos regalaron la maravilla de poder entender el universo, al menos el que proponía el libro, en un espacio delimitado físicamente, las páginas del mismo. En este espacio todo tenía orden y sentido y el autor se dio el lujo de discurrir en discursos complejísimos como lo hicieron Foucault o Heidegger, llegando incluso a elevar tanto la estima de los autores que se tenían que hacer conferencias y seminarios en que se invitaba al autor para que nos explique qué nos quiso decir en su libro. Los libros se hicieron populares también. Y las novelas románticas, melodramáticas y de aventura fueron un éxito inusitado sobre todo en el siglo XVIII. Tanto así que la enfermedad de la lectura fue ingresada en la medicina y un mal tratado su adicción. Se dijo que las más propensas eran las pobres mujeres y el populacho y que los efectos nocivos de la lectura compulsiva estropeaban el cerebro. Un artículo del Sharpe’s London Magazine decía que las hojas de los libros son tan opiáceas como los pétalos de las amapolas. Proliferaron los autores de best selleres y fueron ellos quienes vivieron de la literatura hasta nuestros días. Coelho, Carlos Ruiz Safón, Dan Brown son herederos de la tradición dirigida a los lectores de la facilidad y simpleza, sin que la calidad o la originalidad (en el sentido artístico) sean requisito para la misma. Y toda esa historia hasta que en los ochentas, un tipo de nombre Tim Berners-Lee inventó la red Internet y arruinó la fiesta.

 

3. El regreso del caos y el autor colectivo

La historia de Internet es tan rápida como la velocidad en que transmite la información por la red. El problema está en seguirle el rastro, entenderlo, y tratar de estructurarlo para hacer algo útil (científicamente hablando) con él. La cantidad de información en el ciberespacio es lo más parecido a lo infinito en cuanto a publicación de material se refiere. La manera en que buscamos y encontramos una información es otra cosa. Cualquiera puede crear su página web (si tiene conocimientos de hacerlo), sino puede abrirse un blog gratis, o ponerse una cuenta en facebook, abrir un grupo de discusión y publicar, y discutir y decir su verdad al ciberespacio. Que lo lean, y quién lo lee es otra cosa. De hecho la comunicación y el debate en Internet no necesariamente han mejorado. La mayoría de la gente que busca información fuera de los grandes sitios como Wikipedia, periódicos conocidos, universidades o instituciones como Unesco o ONG’s. Sin ir más lejos si uno ingresa a un grupo facebook o un blog sobre Cristo viene, o la institución de la autonomía en Santa Cruz, un porcentaje más que alarmante de las personas que opinan sobre el tema, está de acuerdo entre si. El debate es casi inexistente y la gente sólo ingresa y opina para sentir que existe y que está acompañada, además de reafirmar su forma de pensar. El debate profundo es prácticamente nulo. Siguen siendo hasta ahora, entonces los libros y las instituciones que los publican los lugares en que se estructura de mejor manera el pensamiento (salvo excepciones, claro, de sitios web especializados). Pero la lectura de los libros científicos en las bibliotecas es alarmantemente escasa. Y los que más sufren de la falta de interés son los estudiantes de universidades y el llamado mundo científico. No es que consultar en Internet sea malo. Lo verdaderamente triste es el tipo de información que se consulta en internet. Esta información en internet como lo afirma Joaquín Rodriguez en su fantástico blog Los futuros del libro es fragmentada, caótica y poco profunda. Según estudios que el mismo Rodriguez cita en su blog la gente por ejemplo lee muy poco en una página web antes de buscar rápidamente un enlace; el cerebro elude lo que cree innecesario y busca con afán lo fundamental y en eso discurre su atención limitada en lo que quiere decir el autor, y enfocada en lo que busca el lector. A fines de abril de este año, Joaquín Rodriguez afirmaba en su blog que “A estas alturas, defender que el acto de la creación es, en la mayoría de las ocasiones, un acto esencialmente intransitivo, se ha convertido casi en un escándalo” (RODRIGUEZ futuros del libro, 9 de Agosto 2010). Es decir que ya no podemos hablar más de que la creación es algo que no transita y pertenece a una persona que le pone su nombre como autoría. Esa forma de pensar se convierte y se evidencia como una ridiculez en nuestros días. Sin embargo, Rodriguez cita a uno de los más prominentes estudiosos de la lectura, autor del libro Metamorfosis de la lectura, Roman Gubern quien dice: “el material escritural sobre el que se trabaja en estas condiciones constituye, por lo tanto, un texto vulnerable (opuesto al texto blindado del autor individual), ya que la textualidad coral se opone al soliloquio textual del autor individual [...] No es una buena idea hacer que Hamlet se case con Ofelia” (citado por RODRIGUEZ en futuros del libro, 9 de Agosto 2010). Y es que la posibilidad de la vuelta a la creación colectiva es un hecho. Internet está borrando nuevamente las identidades individuales, y propone y realiza la posibilidad de la creación y publicación conjunta de textos y conocimientos entre personas que ni si quiera se conocen, todo gracias a la velocidad de la información. El problema es garantizar la calidad de esos textos. Ya no existe más la autoridad del editor o del consejo editorial. Publican quienes lo deseen. Lo cual si bien democratiza el acceso a la expresión en Internet y evita la censura. También nos trae el problema de validar la información como interesante o relevante. Es el gran problema al cual con ferocidad ataca Wikipedia que tiene tiene el método de vigilantes para tratar de filtrar la “buena” de la “mala” información. Esfuerzo insuficiente que hace de Wikipedia un sitio muy consultado, muy importante, con mucha información, pero también muy imperfecto, con muchísimos errores y con poca fiabilidad. Es quizás, pues, Wikipedia el ejemplo más gráfico de este caos moderno de la información. En la información de la gran enciclopedia Wiki, no existen autores visibles, todos contribuyen a la misma noble causa de democratizar, organizar el saber hacia más gente. Y pese a ser una gran herramienta se queda relegada a simple guía de consulta rápida poco fiable, e incompleta, cuando uno quiere hablar científicamente de un tema. Otro problema es encontrar la información que uno busca. El buscador más popular en la actualidad es Google, que logró crear y patentar un sistema de búsqueda basado en la cantidad de visitas de un sitio que permite saber cuál es el más interesante, a priori, para el lector. Sin embargo, si bien resolvió muchos problemas de los antiguos buscadores como Lycos, Google es aún imperfecto, selectivo y funciona además bajo el sistema de espacios pagados. Es decir una gran empresa con medios económicos poderosos, cuando ingresa al ciberespacio, podrá tener más facilidad de ser encontrado por Google. Existe una cantidad inimaginable de información valiosa y no valiosa, literalmente extraviada y vagando la pena de los espíritus tristes en el ciberespacio, esperando que un día una herramienta nueva los rescate de su purgatorio. No se debe olvidar que la red también es terreno de batalla económica, cuyos grandes protagonistas son Microsoft, Google, Facebook (cuyo creador dijo una vez que su objetivo era literalemente dominar el mundo). Facebook, cuando uno se inscribe, acepta sin tardar y en un clic, lo que podría llamarse el pacto con el diablo, pues a partir de ese momento tu nombre, tus imágenes, tu información y todo lo que subas en facebook se hacen propiedad de ellos. Más y más son los casos de personas que siguen viendo a sus amigos que por alguna razón fallecieron y sus cuentas siguen activas. Facebook te dice en su cumpleaños que le felicites y puedes ver su foto sonriendo. La familia no tiene derecho a pedir que esa cuenta se cierre, pues la cuenta es propiedad de facebook y lo firmó el difunto y a facebook le interesa tener la mayor cantidad de usuarios posibles en su plan nada oculto de dominio. Si un día abriste tu cuenta no puedes cerrarla nunca, aunque si desactivarla. También existen maravillosas iniciativas como las de software libre en los que todos aportan y no existe ni propiedad, ni derechos, el sistema Linux embandera esta iniciativa. Otra batalla que hace años ya se libra de manera casi patética es la del formato que regirá el libro electrónico. Hace años que se dispone de la tecnología para abaratar costos y simular el libro escrito con la tinta electrónica que no cansa la vista. Miles de Toneladas de papel serán ahorradas cuando esta tecnología entre completamente al mercado. Los costos de publicación también serán infinitamente menores. Y el daño ecológico menor. La batalla es patética pues el único problema es el de multinacionales como Sony con su Reader o Amazon con su Kindle que quieren ser los dueños del mercado y hacerse de más que un buen negocio, obligando a todas las editoriales del mundo publicar en sus sistemas y formatos, publicación que de más está decirlo tendría un beneficio económico sustancial en cualquier empresa que se atribuya el pastel. Claro que lo ideal sería la competencia leal y el no monopolio del libro electrónico. El problema en ese caso es que si una persona se compra un Kindle, no podrá usarlo para libros publicados en el Reader de Sony, lo cual hace ridículo tener un libro en el cual no puedes leer libros.

 

4. ¿Qué nos queda?

Pese a todo esto podemos decir que lo que ha cambiado simplemente es una tecnología. Vivimos el cambio de la tinta a la tinta electrónica. El hombre se sirve de una tecnología para guardar, reproducir, estructurar su pensamiento. Es un tipo de cambio al que el hombre ya se ha enfrentado con anterioridad y ha salido, hasta ahora, beneficiado. Pero por el momento nos enfrentamos a un sin número de dificultades que nos bloquean y nos hacen sentir en un momento particularmente incómodo del aprendizaje y la estructuración del pensamiento. Trataré de citar a continuación algunas de estas dificultades: - La educación formal en el mundo sigue atada al texto escrito. Los estados siguen anclados en el siglo XX y las políticas llamadas de incentivo a la lectura, están dirigidas casi en su totalidad al acercamiento al libro. No existe, seriamente, una educación hacia las nuevas formas de lectura. - Este acercamiento además está dirigido en su mayoría a la primera infancia y la niñez. Del adulto ni se habla, con la escusa de quien no lo hizo de niño, no lo hará después, argumento completamente sin sentido y poco imaginativo. - La tecnología en este caso va mucho más rápido de su entendimiento. Se habla de que la estructura misma del aprendizaje ha y va cambiando con la lectura fragmentada, pero los estudios en el ámbito son escasos y menos aún el imaginar políticas y herramientas para incentivar la lectura. - Una clara deformación del sentido del objetivo que se persigue. Todo se mezcla entre tecnología, intereses empresariales, intereses personales y simple vida social, todo está mezclado en un solo lugar y sin rumbo. - Inexistencia total de herramientas para aproximar a la lectura profunda en nuevas tecnologías. La sociedad se construye en base a su entendimiento del mundo, y lo plasma en lo que dice y pasa hacia la generación siguiente. Si la sociedad no es capaz de ponerse de acuerdo e instrumentalizar la tecnología de la cual dispone, sufrirá un lamentable atraso y quizás una deformación de su conocimiento que tienda a la facilidad y la poca profundidad, lo cual y es, pero podría ser una peor catástrofe para el mundo científico. No cabe duda que la alternativa única que queda es entender la tecnología con la que convivimos y la invención de herramientas que nos aproximen al mismo. Particularmente tengo una hipótesis que debe ser estudiada y experimentada en profundidad para validarla y dar operatividad a las herramientas y tecnologías de la lectura. Es la siguiente: Lo único que nos incentiva a leer son las historias; historias que pueden tratar príncipes, de dioses, de viajes, vírgenes, de santos, de religiones, pero también del espacio, de los animales, de una suma, de una división, de un algoritmo. Lo que nos interesa siempre es saber quiénes participan, quiénes interrumpen, cuál es el problema, y cómo se llegará al final; nos interesa saber si el malo será atrapado, si el 2 se transformará en 3 con la llegada del 1, y nos fascinará eso, e inventaremos mil continuaciones a esa historia y a todas las historias y con ellas construiremos el conocimiento. Creo que el hombre no ha cambiado en nada con los siglos su interés por el aprendizaje, sigue siendo las mismas cosas que lo motivan y apasionan, las ganas de saber qué pasa con los protagonistas, de dónde vienen, a dónde van. Antiguamente fueron los narradores orales quienes hicieron el trabajo de fascinar y contar las historias para maravillar y ofrecer el aprendizaje. Eso no ha cambiado, aparecieron simples tecnologías que nos ayudaron a comprender o imaginar de otra forma, muchas veces a estructurarnos mejor: así apareció el códice, el libro, y luego el cine, y luego la televisión y luego el internet. Cada uno fue endemoniado en su época para luego ser valorado, y de cada uno se hicieron “buenos” y “malos” usos. Pero sigue siendo lo mismo que nos atrae, y es eso que no debemos olvidar, que el conocimiento es uno y la tecnología en que lo plasmamos otra cosa. Podemos volver al cuento oral y redescubrir porqué nos maravilla todo y el poder de la imaginación que es el motor de todo avance científico. Nuestra mejor arma e invención contra la ignorancia ha sido y es la lectura. Con ella nos hemos hecho y convertido finalmente en seres capaces de comparar pensamientos complejos y avanzar en ellos una y otra vez. Nos queda leer y saber qué leemos. Pero para ambos objetivos, nos queda entender de qué trata eso y cómo podemos hacerlo de una mejor manera, y estas dos condiciones aún, por ahora, quedan fuera del alcance del hombre, por flojera de saber. Y para leer hay que crear las ganas de leer, y esas son las ganas de conocer de qué va la historia que nos interesa, crear las herramientas que nos devuelvan al narrador, que nos devuelvan la fantasía y la imaginación. Volver a escuchar al gran cuenta cuentos de la historia del mundo. Habrá que devolver las ganas de aprender, las ganas de saber, las ganas de leer.

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Published by Gabriel Iriarte Rico - dans Escritos
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