De paso por Bruselas.Vengo de una semana de Cuenta Cuentos. Aprendiendo lo básico de entender la belleza de la conversación. El intercambio de ideas, el contarse una historia, y disfrutarlo. Un mundo que quiero profundizar aún mucho más cuando toque, en un par de meses que continuará aquella aventura.
En la foto la leyenda de la fundación de Anveres. Antwerpen (Anveres) quiere decir mano arrojada. Este jovencito de la foto a la derecha, arrancó la mano a un gigante que no le dejaba atravesar el río, y la arrojó. De ahí el nombre de esta ciudad. Esta estatua en pleno centro de Anveres, nos está contando esta historia.
Debo confesar que mi mayor pasatiempo en la vida es escuchar y contar historias, sobre todo escuchar.
Justamente en una charla hoy , reafirmamos la evidencia de la vida como un espacio indefinido, que se irrumpe con la muerte. La única certeza de la vida es su extinción. La muerte siempre se ubica en el futuro, y de ahí que todos nuestros miedos se reflejan en lo desconocido que siempre está en el futuro, como la muerte. Así tendremos miedo a las religiones que no conocemos, a los animales, insectos, personas, exámenes, universos que no conocemos. Esa es la pena de vivir sólo para uno, con un triste egoísmo que nos hace dar cuenta que no sirve de nada aprender si es sólo para nosotros-.
De ahí la importancia en entrar en equilibrio con el entorno, porque sólo sintiéndose parte de él trascenderemos, y las preocupaciones se esfumaran, y aprenderemos a sentir como propias las emociones que se nos ofrecen en el mar, en la música que no sabemos componer y que nos apropiamos, en las sonrisas de otros, en la recuperación. Y olvidaremos la muerte, al menos ya no será tan importante.
Es un nuevo tiempo de deliberación.
El baile continúa con la aproximación de los bailantes, de la pareja, de los complementos apoyados uno en la mirada del otro para luego cruzar aunque sólo sea un cambio de lado, lo que yo llamo el momento de equidad de género en la dansa. Todo esto para terminar con esa fuerza indiscreta del zapateo y cuando parece que todo ha concluido, como el gusto está en repetirlo, todo comienza una vez más y otra vez hay que conquistar a la dama. Esta vez al final terminaremos de rodillas los varones, como siempre sinvergüenza, y las mujeres altivas y orgullosas de lo logrado. Y nos retiraremos juntos como si ahí terminara la historia, y sí ahí termina la historia de la conquista y eso es todo lo que le importa a la cueca, la conquista. Nos olvidamos de la miseria que viene luego, lo dejámos en la conquista.

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